Me cago en Dios!!, me he partido un puto diente!. Si mi dentadura ya de por si estaba jodida por la falta de alguna muela y algunas piezas mal colocadas lo que me obligaba a sonreír con la boca lo más cerrada posible, no por falta de sentido del humor o de motivos para sonreír sino por un exacerbado sentido estético, ahora que la vida me exige enfrentarme al verano ligero de escrúpulos y de ropa y en plena forma va y se me jode un diente. Intolerable que la mala suerte se cebe en mi. Que baje dios y me lleve de una vez. Mirando al cielo y todo eso. Lo del diente no viene sino a empeorar un estado físico que tiende cada vez más rápidamente a lo lamentable. Las entradas son cada vez más grandes y los michelines empiezan a aflorar por culpa de una dieta basada en el exceso de copas, la ausencia de ejercicio físico y los hábitos alimenticios de un niño somalí. Estas últimas 2 semanas me he dedicado a 2 esfuerzos titánicos: evitar la posibilidad de conocer a la mujer de mi vida en tales circunstancias, no vaya a ser que ella no vea que detrás de esta fachada desdentada se encuentra el galán que estaba buscando y por otro lado a intentar no morir calcinado en un incendio. No querría imaginarme la vergüenza que sería para mi madre que me tuvieran que identificar por la dentadura. Por eso estoy en la plaza de la libertad (como me gusta ese nombre) sentado en un banco que seguro que ha enseñado a besar a alguien. Porque estoy haciendo tiempo para ir al dentista a colocarme un diente de mentirijillas que le dé sentido a mi vida (eso suponiendo que alguna vez que mi vida lo haya tenido) y pensando en el blog. Imagino que si leeis esto es por que me he levantado, he caminado, he ido al dentista,he acabado, he pagado, me he ido, he llegado a casa y me he puesto a escribir. Y es que no había escrito desde hace mucho. Y no lo he hecho, entre otras cosas por que he estado bastante entretenido sintiendo, queriendo, casi a puntito de ser feliz. No hablo de la felicidad adolescente, de cuando te miras en el espejo antes de salir de bares sonriendo ante el personaje que el guionista te ha escrito para ti esa noche. No, la felicidad de la que os hablo se resume con dos líneas escritas en la servilleta de un buffet libre repleto de comida japonesa. Esa felicidad serena e imperfecta, la que se llena de claroscuros si no la abrazas con fuerza, eso es amigos, lo que he estado a punto de conseguir. Otro motivo por el que no he escrito es porque estado de vacaciones en Valdeón, acumulando motivos para poner la mano en el fuego por gente nueva y averiguando que no tengo manos para agradecer su confianza a todos los que quisiera.
Por lo demás en mi puesto de trabajo, del que todos sabéis ya lo suficiente, las cosas siguen igual. Mi único aliciente ha sido esperar tranquilamente la llegada de interinas a las que engañar, seducir y penetrar (este año no ha habido demasiada suerte y creo que me voy a comer una mierda como un piano) y hacer llorar a compañeras antiguas lo que me desasosiega el ánimo y me regocija el ego. Pocos sonidos tan bellos como el de una dama escandalizada ante los envites de un demenciado al que le da igual todo. Así que en resumen esto han sido unos días tontos. Unos simples días de descanso en los que comes demasiado poco, amas demasiado nada y bebes demasiado mucho. Unos días de espera donde lo único serio que haces es poner copas en la barra de unas fiestas de pueblo y buscar besos de instituto, unos días en los que acumular nuevos teléfonos en la agenda. Teléfonos que archivas con nombre de mujer y apellido de bares y en los que, al final, lo único que te queda es un café con miel en un sofá, la piel cubierta de sudor, algunos días buenos y otras tantas noches, cargadas de sonrisas y palabras y alcohol golpeando en la memoria. Siempre queda eso, siempre, y la sensación de no saber exactamente lo que ha pasado. La decepción de no ser el elegido de nuevo. Pero no nos dispersemos: Sabeis, los que lo sabeis, como está la cosa: Estoy a la espera de un gran cambio. Algo ruidoso, grande y lejano. Algo que me va a impedir escribir aquí en una larga temporada. Muy probablemente para siempre. Algo que no me dejará tiempo para comerme la cabeza como de costumbre. Una huída hacia... dejémoslo en escapada..Y es que me he cansado de esto. Si, cierro esto. Como cerré el otro. Como cerraré el próximo. Porque en todo este tiempo tambien he descubierto que esto ha dejado de gustarme, que en este concurso de popularidad donde todos intentamos salir bien en la foto siempre tengo una mueca extraña. Que esto de escribir sobre lo que me sucede para que lo lea gente que no me importa ha dejado de tener gracia. Hastío. No es la palabra. Pero es la que más se le parece. Hoy publicaré esta última entrada y buscaré lo que pasa luego. Leeré el final del capítulo antes de dejarlo todo como está.
Me levanto, sonriendo ante la idea de llevar a cabo esa decisión en cuanto acabe con el dentista y llegue a casa . Hace calor en la ciudad. El verano nos muestra su cara más tópica. Las chicas acortan sus ropas, las chicas pasan en bicicleta, las chicas escuchan canciones hermosas en sus Mp3. Y entre todos estoy yo, con la brisa lamiéndome la camiseta, sonriendo, llevando el sol en el hombro igual que un pirata lleva su loro, silbando una canción de Sabina que ya no recuerdo. Esperanzado y feliz. Y todo parece que está bien, aunque lo más probable es que no lo esté. Y llego a la Plaza Mayor y entro y me pierdo entre la gente, y nada más....
22 de julio de 2013
21 de junio de 2013
EL EFECTO LUIS
Una llamada me ha sacado una sonrisa y me ha hecho acordarme del “efecto Luis”. Seguro que lo habeis sufrido alguna vez: Un amigo con una relación aparentemente perfecta que cuando te ve te restriega su felicidad y te da mil motivos para autojustificar su maravillosa vida de pareja y autoconvercerse de lo acertada que ha sido la elección de su conyuge. Posteriormente en mitad de una noche, con varias copas azuzándole las ganas, a ese defensor de la monogamia le da por hacer una de las siguientes cosas (o todas a la vez); entrarle a todo lo que se mueve, renegar de su vida y/o envidiar tu libertad. Los paladines de la vida marital venidos abajo por obra y gracia del alcohol. Personalmente no me extraña demasiado, porque la mayoría de las relaciones que conozco las llevan monguers conformistas, presionados por el paso del tiempo que un buen día conocen a alguien y se dicen: "bueno aquí me planto con este personaje, ya no creo que aparezca lo que yo quiero". Creo que son pocos los que sientan eso de “estoy seguro de que esta es la persona ideal para mi, la persona de mi vida, no quiero otra”. Es curioso como es la gente: la peña se jacta sin pudor de todo lo que se informó y lo documentó para comprar su coche, lo acertado que estuvieron al pillar una oferta de viaje, lo meditado y ponderado de su cesta de la compra o de como al menor síntoma de problema, removieron cielo y tierra en atención al cliente para que les devolvieran un móvil nuevo. Pero a la hora de escoger una pareja, toda esa jauría de mermados, prudentes en las cosas más triviales y reemplazables de la vida, se convierten en seres irreflexivos que compran al peso al grito de: no, si da igual, esta misma!! e inician una relación. Pues a joderse. Lo habitual es que con esos pilares lo que acabes teniendo es una puta dictadura escondida bajo cenas románticas y tardes de sofá y mantita, y antes de que te des cuenta te habrás cargado de obligaciones y habrás perdido derechos que considerabas básicos. Esa es la traición más temida: la que tú mismo puedas cometer sin saberlo. Así es como se infiltran la rutina y la inercia, los verdaderos sustentos de la mayoría de las relaciones, el pegamento que impide que se vayan al garete. Lo malo de la inercia es que tiende a ir cuesta abajo, que es peligrosa si no se la detiene. Con la rutina pasa lo mismo, la rutina es tan cómoda que ser preso de ella es una tendencia natural. Si no lo has visto venir te mereces una muerte lenta como la de una langosta que no se da cuenta de que el agua se va calentando. Yo estoy solo porque hasta ahora no he encontrado alguien a cuyo lado quiera vivir toda mi vida ( y si lo he hecho lo he perdido, pero esa es otra historia). No sé si la encontraré de nuevo, pero soy consciente que a medida que se cumplen años las probabilidades disminuyen. Dicho lo cual no tendré derecho a lloriquear si por haber puesto un listón, me he quedado para vestir santos: es un riesgo que asumo y acepto. De la misma manera que aquel que se empareje por conformismo deberá apechugar con su cobardía y su vida de mierda por refugiarse en la mediocridad sin aspirar a algo mejor.
Por que la mayoría de la veces la historia es la misma: compromiso significa aburrimiento a largo plazo, y un día empiezan a golpearte de nuevo las ganas de cambiar, las ganas de sentir emociones, porque la vida se vuelve tan plana, tan lineal, tan predecible en muchos aspectos que sientes ganas de volar, de mandarlo todo al cuerno, de escapar.
Se echan de menos los tonteos de fin de semana, se echan de menos los polvos superficiales pero emocionantes, se echa de menos meter la pata con alguien y justificarlo con tus colegas, se echa de menos encoñarte con la peor chica del mundo, se echa de menos que te seduzcan y te abandonen como una puta colilla. porque si, aunque todo eso sea una mierda, se echa de menos ser libre. Por que una de dos, o quieres ser libre o no lo quieres. En este caso correrás tu solito a ponerte los grilletes, que aunque sean de oro y lujosos como una pulsera de Bulgari van a apretarte lo mismo. Pero si eres del primer grupo, ninguna presión social, ningún miedo al futuro, ningúna iletrada con coño va a convencerte de que te encadenes. Vas a navegar por la vida en una vieja patera que hace aguas, con la madera podrida y desencajada. Pero sólo tú decides hacia donde poner la proa. Y cuando al atardecer la brisa refresque tu rostro y te cruces con un lujoso yate lleno de gentes de mirada opaca conducidos por la voluntad de otros, sólo podrás sentir una profunda compasión por ellos.
5 de junio de 2013
CRISIS
29 de mayo de 2013
EL IMPOSIBLE OLVIDO
Busco la confirmación de un vuelo en mi correo y donde espero encontrar un pasaporte para planear mis vacaciones, lo que encuentro es un mail cargado de insultos. Despues no he sabido si sentirme molesto o halagado, y al final he optado por esto último, así que lo he imprimido y me he dedicado a enseñárselo a lo más ceporro de la sociedad charra: mis compañeros de trabajo. La verdad es que no necesito los consejos de todo a cien de ninguna monguer, Y si los necesitase no los querría. Porque mis errores son mejores que sus aciertos. Pero me ha gustado que siga intentándolo, es un espectáculo gracioso. Sinceramente los insultos contra mi están tan manidos que han perdido toda su utilidad. Se han quedado en un desesperado grito de llamada de atención, y sintiéndolo mucho no llaman la mía en absoluto.
Pero me ha dado un aliciente en esta miserable vida mía: me he puesto a pensar en todas esas chicas que una vez han sido. La verdad es que no se puede decir que no he intentado olvidar/olvidarlas/olvidarte. Lo juro, he salido, he bebido, y he hecho caso a todas y cada una de mis (escasísimas) pretendientas. Por si alguna lee esto he de confesar que no estoy seguro de si he conseguido olvidaros (bueno, a alguna si).
Por ejemplo; hace unos años salí con una friki de internet, rollo ciberpunk que me hablaba de crackers y de hackers y de extropians y de servidores. Todo esto mientras escuchábamos música trance y bebíamos las primeras bebidas inteligentes. Pero ya me conoceis, acabé hasta la polla de esa pretendienta mutante que me trataba con tan poca humanidad. Y recordaba tus mimos, o tu incapacidad para enfrentarte a un cable o un enchufe o tus morritos cuando fingías enfado.
Luego cuando estaba en Cádiz tontee durante una (breve) temporada con una chica que curraba en Sony music. Sólo sabía hablar de tantos por ciento, de royalties, de comisiones, de discos de oro, de covers. Todo bebiendo bourbon y escuchando Rock and Roll. Acabe harto de sus botas de tacón cubano y de su sempiterna cantinela de que se iba a comprar una Harley. Y me acordaba de las canciones tontas que descubriamos, o de tu predilección por la música española de los 80 o de tu radiocassette de 4ª mano o de tu incapacidad absoluta para moverte al ritmo de la música.
Un tiempo más tarde David me presentó a una tipa que iba de pintora aunque tan sólo había expuesto en un par de bares de León. Esta tardó menos en saturarme a base de chapas sobre realismo objetivo, que si creación por ordenador, que si marchantes, que si galeristas, que si amarillos ocres, que si azules añiles, que si el inconsciente colectivo, que si la herencia de Kandinsky, la semántica cromática... su puta madre. Y todo esto bebiendo Riojas en el Bellas Artes, donde ni siquiera había música que escuchar. Y me acordaba de aquel poster que te regalé para tu 18 cumpleaños y que nunca colgaste en la pared, como si dieras por hecho que tarde o temprano acabaríamos y que no merecía la pena prestarle mucha atención. O de aquella estrella de cartón piedra que te dí en una visita a tu pueblo en verano.
Y también una vez intenté algo aquí en Salamanca (esta fue la peor) con una periodista de uno de los periódicos locales que intentaba vivir de la literatura. Se podía tirar toda una tarde hablando de ejecuciones de diálogo, de la superabilidad del texto, de la significación peyorativa, de talleres de creación, de editores. Bebiendo mojitos en el Birdland y escuchando Jazz. Y pensaba en como fruncías el ceño concentrada frente al Word pasando un trabajo para la uni, o de como nunca ponías un punto en su sitio, y también me acordé de esa chica desencantada que navegaba despistada por tus cartas. Así que no se puede decir que no he intentado olvidar. Lo he intentado con todas mis fuerzas, pero parece que en esta ciudad (ni en ninguna) es posible encontrar a alguien que sepa hablar de algo que no sea lo de siempre, que me haga sentir vivo y que existo, que me haga sentir lo que sentía por alguna de vosotras. Alguna nunca se dio cuenta de que estaba por encima de todas las cosas, incluso ahora cuando ni siquiera estais a veces os hecho de menos. Sobre todo porque parece que estoy condenado a ser devorado por las fauces de la modernidad y las maestras del postureo y la pedantería. Pero bueno, entre tanto que no se diga que no he intentado olvidaros...
13 de mayo de 2013
A DIOS PONGO POR TESTIGO.
Entro en el garito, llevo un pedo moderado y todo lo que veo me aburre. En cuanto observo lo que hay allí, siento inmediatamente la necesidad de alcanzar la paz interior que da la tercera copa y salir por la puerta sin despedirme. Sitios así me dan la oportunidad de odiar a la gente. Hay que ver lo fácil que me lo ponen a veces. Y no es que sea un sentimiento atroz, al contrario, es liberador.
Y es que no me gusta estar aquí. Preferiría que la noche se hubiera desarrollado de otra manera. Como anoche por ejemplo: Tere y Marian, Juanjo y yo. Los cuatro bebiendo, riendo y charlando y luego irnos a un antro de los de siempre. Bares sin el monte Everest hecho carne cuidando de la puerta. A veces pienso que me gustaría construirme una residencia cartuja e irme con cuatro amigos, 4 botas de cerveza belga y una azada a disfrutar de la vida monacal.
Pensaba que el Revolutum era la cuna del postureo, el snobismo y de todas las conversaciones convencionales del universo, pero no. Todavía hay sitios peores, como la Dama, donde esta prohibido ser un infeliz. Sitios con monguers cachitas, de los que van al gimnasio un par de veces por semana, chicas con cortes de pelo estúpidos y gente deseando ser vista. El asesinato debería ser legal al menos un par de horas por noche de finde salmantino. No encajo. No lo soporto. No los soporto. No me soporto. Estos tugurios circo, repletos de gente cuya única intención es ser mas guay que el de al lado, me quitan la energía, francamente.
Agarro mi copa y pululo un poco observando el asunto por si encuentro a alguien sobre la que lanzarme cual kamikaze sobre portaviones americano. Pero en lugares así solo el 10% de los tíos están capacitados para ligar, el resto somos carne de dejarnos el sueldo en fantas, victimas de nuestra idiosincrasia. Condenados a vagar como los zombies de the Walking Dead. Mientras voy de aquí para allá, uno de los de seguridad (este va cinco veces mínimo al gimnasio) me sigue con la mirada. Se nota a leguas que yo no debería estar aquí. Algún error en el corte de entrada. Un virus informático. Me cuesta respirar en ese sitio y quiero salir fuera a fumar. Decido pirarme a la charca. Entro y le pido una copa a la camarera musculosa. Escucho la música. Una tras otra, todas las canciones escritas por retrasados mentales tienen esta noche cabida en el ordenador del Dj, un tío por lo general majo, capaz de dar ese toque tan necesario a la fiesta. Pero hoy no tiene el día, ni siquiera me acerco a saludarle, le veo desde el otro lado de la barra mirar continuamente la mesa de mezclas y la pantalla del ordenador. Imagino que para aislarse y no ver la basura que tiene alrededor. Me resulta triste que un tío con su cultura acabe poniendo la de la mayonesa. Parece que ninguno de los dos tenemos el día.
Pero no me entretengo demasiado pensando en el pincha, de toda la morralla que puebla un bar, los tíos son la parte que menos me interesa. Las mujeres son más complejas, contradictorias y un auténtico dolor de cabeza, pero esa es exactamente la razón por la que un puzzle es más divertido. Le planteo a Juan lo bien que estaría coger el hielo de la copa y tirarlo al suelo delante de alguna al grito de "rompemos el hielo?". Me pregunta si el hielo sería el de mi cubata o del de la chica rubia. Ambas opciones son interesantes, la primera indica que eres un acosador que carece totalmente de escrúpulos y que te la suda la higiene para hacer lo que te da la gana. La otra dice que eres un perturbado absolutamente random que emprende acciones sin sentido sólo para ver en qué desembocan. Me gusta más la segunda. Pero las estrategias están bien cuando eres un equipo de fútbol. Y aún así siempre aparecen imprevistos: el árbitro, el césped mal regado, las expulsiones, las lesiones, la lluvia o el cansancio, que al final hacen que la estrategia no valga un pimiento, y hay que improvisar para ganar el partido. Y hoy no tengo ganas de improvisar, aunque a veces improvisar es lo mejor. Tampoco me apetece demasiado recibir una hostia bien autoritaria que me haga entrar en razón, recoger los dientes e irme tranquilamente a reflexionar sobre mi conducta de retard. De hecho ni siquiera me apetece prolongar esta noche. Seguir conversando y bebiendo en esta vehemencia alcohólica y charlatana carece de sentido si no están estos. Así que a pesar de que me lo estaba pasando medianamente bien, bien a mi manera. Me despido a la francesa, sin despedirme ni decir nada a nadie. Esas idioteces que suelo hacer y no me pregunteis porqué.
Me veo caminando por las calles con un cigarro en la boca y me encanta la sensación. Pienso en casa, en el ordenador, en su teclado con sus letras bien dispuestas y ordenadas y siento la necesidad de correr hacia él y escribir lo que tengo en la cabeza, algo sobre reconstruir noches uniendo gilipollas. Quiero rentabilizar la frustración de la noche como sea. De todas formas estoy bastante tranquilo, porque se que me esperan toneladas de pornografía en cantidades industriales en la red, para endulzar el amargor. Por su culpa, la de un libro y la falta de sueño, al llegar a casa lo olvido todo. Y de esa forma tan tonta toda mi rabia y desesperación, todas esas grandes frases que bullían en mi cabeza desaparecieron para siempre. Quedaron en esa noche absurda en la que pensé que mi mierda de punto de vista podría significar algo.
Dos días después escribo esto y me sabe a nada. A conceptos caducados, tontos y repetitivos. Sin ninguna furia. Aburridos.
Muertos.
27 de abril de 2013
DUELO EN LA CUMBRE
La culpa es mía por incauto, por ir vacilando a tontas y a locas (y habitualmente en sentido literal). El coraje que me ha dado, me lo merezco por pringao, cruzadme la cara con un tranchete es lo menos que me merezco tras tamaña humillación. Y es que esa hija de puta!!. No ha venido. La he esperado y esperado y no ha venido. Me he duchado, me he (des)peinado, me he sonreído al espejo al verme como quería, me he sentado a leer algo de Kiko Amat y con la felicidad esa tonta del que está ilusionado he esperado a que llegara. Y no ha venido. Esperé y esperé hasta que era evidente que no iba a venir. Un mensaje me lo ha confirmado despues. Y la verdad es que me ha sentado putapénicamente mal, pero por otro lado es curioso, por que tras ponerme un ron cola y un par de canciones de esas que son un bálsamo para la desazón me he dado cuenta de que debería darle las gracias. Las gracias por que los que tenemos ilusión tendemos a sentarnos y esperar olvidándonos de que la vida sigue su paso. Las gracias porque la soledad y yo nos conocemos y nos entendemos y ella nos había tenido temblando en los últimos tiempos. Las gracias porque yo, como toda víctima de una dulce ilusión, empezaba a no ver mi camino sino el nuestro, y que coño, prefiero seguir siendo yo. Las gracias porque yo ya empezaba a creer en la gente dudando de mi mismo. Las gracias por cosas como esta, porque a estas alturas de la noche esperaba que ella me acompañara en este viernes triste y absurdo y sólo cuando la soledad me azota en el culo más de lo normal puedo escribir aquí. Las gracias porque ahora que vuelvo a estar sólo un viernes más, me estoy planteando llamar a Dimas, a Juanjo y a Mario que están de bares y unirme a ellos a seguir buscando alguien con quien soñar. Las gracias porque así no me siento atado, y no siento que tenga que abandonarme a mi mismo o a mis amigos para ir con ella. Las gracias porque aunque reconozco que me dolió muy dentro, cuando lo he asimilado y me he calmado me siento como si hubiera crecido. Las gracias porque mi ingenuidad me gasta malas pasadas a veces y esta vez casi me lleva a pensar que me quería durante un ratín, casi me lleva a olvidar lo que ya había aprendido, asi que... Gracias Marta por no venir.
c
15 de abril de 2013
VEN ESTA NOCHE
"Mejor lo dejamos aquí" digo mientras separo mis labios de los suyos. Ella pone cara de extrañeza, quiere una explicación. Explicación que por supuesto no le voy a dar. Los pensamientos me duelen y se acumulan en mi boca y yo no les dejo escapar de ahí. Prefiero no decirle nada, callarme, como hago habitualmente, encerrarme en mi mismo para evitar sorpresas.
Curiosamente desperdicio buena parte del fin de semana recordando esas (escasas) veces en las que he sido yo el que decidió que las circunstancias no permitían seguir con una historia. Esas (raras) ocasiones donde no he querido implicar a una persona en mi vida, ni siquiera por un minuto más, por muchas y variadas circunstancias: por que trabajaba conmigo, por temor a perder algo, por miedo, porque directamente solo me gustaba de una manera meramente sexual, por interés, o simplemente por el vértigo que me producía el hecho de que llegase el día en que ya te lo hayas dicho todo y no soportara mirarla a los ojos.
Y recordando, recordando he llegado al 2011 y a ella. Sobre todo a la despedida y a como se fue desarrollando todo. Recuerdo perfectamente el momento: siguió todo recto y en la primera esquina que encontró dobló. Vale, no era el momento de mirar hacia atrás y ver que todo se quedaba en el tintero por falta de pureza: las mentiras que jamás nos contamos al oído, los viajes que no hicimos, los excesos que no cometimos... en un par de semanas todo nos había ido separando y con un frío beso de amigos pues todo lo vivido se quedaba en el aire sin base sobre la que sustentar lo que nos rondaba en la cabeza a los 2. Como si jamás soñásemos con acariciarnos nos íbamos en direcciones contrarias negándonos a nosotros mismos cientos de orgasmos y de caricias que nos arrasaban el cuerpo cada vez que nos acordábamos de que el otro existía.
Como si tal cosa luego, una ciudad pequeña ya se sabe, nos veíamos de vez en cuando pasar del brazo ajeno y fingíamos como buenos "amigos". Fingíamos que éramos felices el uno frente al otro y en alguna ocasión hasta tomamos café y hablamos... pero hablamos del tiempo que nos rodeaba y no del que nos quemaba dentro.
Después la vida nos fue separando, porque da bastante asco cuando llevas demasiado tiempo deseando algo y , como acaban estas cosas, Helena y yo nos acabamos cogiendo manía y nos odiábamos entre hipócritas felicitaciones de cumpleaños, sonrisas de compromiso en los bares y de vez en cuando un "que tal todo?" en un mensaje del móvil... y nos jodíamos vivos porque los dos soñábamos con el mismo polvo y cada uno en solitario seguía negando la existencia del otro y cayendo en brazos ajenos.
28 de marzo de 2013
COPAS GRANDES PARA CHICAS PEQUEÑAS
12 de marzo de 2013
EL FRIKISMO EN LOS TIEMPOS DE CÓLERA
Está bastante claro que vivimos en una sociedad compuesta esencialmente de idiotas, en la que todo tiene que encajar y ser facilmente etiquetable. No tiene demasiado sentido que alguien vista de una determinada forma y luego escuche a los Pixies o a los Enemigos, ni tampoco se entiende demasiado que leas a Perez Reverte y a Borges. Se trata de esquematizar, de ser aceptado como una muestra socialmente aceptable. Tal vez por eso los frikis me suelen gustar. De hecho son muchos más de los que uno podría pensar y por la mañana y a primera hora de la tarde aún tienen cara de pocos amigos. Tratan de pasar desapercibidos entre las hordas de la normalidad. Ahí puedes ver a una de ellos en los pasillos de la filmoteca o en el Potemkin, apartada de los demás, de pie, apoyada en la pared y mirándose los zapatos mientras espera que alguien la haga caso o empiece la película. O ese de eterna camiseta negra y gafas que te encuentras en la tienda de comics cuya vida real transcurre en una pecera de TFT. Y tambien está ese otro que te cruzas por Gran Vía caminando calle abajo con una mochila al hombro y mp3 a todo volumen ajeno a todo lo que pasa a su alrededor.
Como todo lo extraño y singular, los freaks siempre me han atraído. Mucho antes de conocer la palabra que les designa me he relacionado con ellos. Han sido mis amigos y es que, en definitiva, la gente normal me suele aburrir. Me siento más libre saliendo de copas con unos amigos más bien frikis y creo que sólo he podido acostarme y enamorarme de chicas más bien raras.
De todas formas, por mucho que me espante la vulgar normalidad, tengo que reconocer que despues de una larga temporada frecuentando frikis termino un poco harto de tanto tipo peculiar y me empiezan a saturar. Son demasiado individualistas, casi nunca forman un grupo entre ellos, (como no sea para jugar al rol )y es que si se dice que no hay 2 personas iguales, mucho menos 2 freaks. La experiencia me dice que si le preguntas a un friki, éste suele calificar de tipo raro a cualquier otro friki, y lo dice considerándose a si mismo alguien completamente normal.
Y ahora que lo pienso puede que eso mismo me esté sucediendo precisamente a mi.
21 de febrero de 2013
GANAS DE CUARESMA
San Valentín, la ciudad parece un anuncio del Corte Inglés. Las parejas pasean sus bolsas llenas de regalos por la calle Toro sonriendo sin avergonzarse y las niñas bonitas atienden más que de costumbre la bandeja de entrada de su whatsapp. Y así, con estas estupideces va transcurriendo una tarde de invierno más en Salamanca. Regreso a casa entre gente que camina a cámara lenta y chicos que esperan en las entradas de las tiendas a que salga su media naranja. Al cierre de Zara o del Carrefour, ninguna dependienta se quedará sin su chico esperando a la puerta. Todas con un abrazo y una sonrisa esperándolas a la salida. Afortunadas ellas, al menos aparentemente.
Pocas veces he tenido pareja en estas fechas, y cuando así ha sido, he solido cagarla con los regalos o con la actitud o con las dos cosas a la vez. Casi nunca he acertado con un regalo que mereciera la pena. Lo sé, soy de esos a los que les importa un pimiento este día. Pese a todo a veces me dejaba influir por los anuncios y la corriente consumista. En realidad la cago casi siempre, en una ocasión reservé mesa en un restaurante de esos con nombre francés y llegué bastante tarde, otra vez estuve a punto de sacar entradas para el teatro pero el ordenador se colgó sin poder confirmar la reserva y en otra ocasión me pulí una pasta en un regalo que nunca llegué a entregar porque lo olvidé en el suelo de algún oscuro bar. Vale, soy un puto desastre para este tipo de cosas y casi siempre acabo cagándola. Así que ya saben chicas, nunca salgan conmigo si no quieren sentirse decepcionadas un día sí y al otro también.
Dándole vueltas al tema llego a casa tarde y pongo una peli antigua y triste, el Dvd acaba a altas horas de la madrugada y al sacarlo del aparato pongo la televisión en un canal que está emitiendo un programa de videos musicales donde la gente envía a través del móvil mensajes con su nombre y el de su pareja y (milagros de la técnica!) les dicen el tanto por ciento de amor que hay entre ellos. Así, entre un clip de Coldplay y otro de Bisbal , uno se puede enterar de que Raúl y Sheila están un 87 % enamorados o que Elena y Diego llegan a un dignísimo 63%. Peor suerte corren Sara y Alex, que solo alcanzan el 49% pelao. No es para tanto, creo que algunas de mis novias no me querían más de un 30% y eso después de haber cocinado para ellas y abrazarlas después de follar.
Imagino que el programa este dice la verdad, si sale en la tele tiene que ser serio, no creo que la MTV frivolizase nunca con estas cosas del amor.
Así que me pongo a teclear esto mientras pienso en los pobres Sara y Alex y en su escaso porcentaje amoroso. En el fondo me resulta entrañable imaginármelos sudorosos debajo de unas sábanas viejas y cubiertos con una manta muy fea, acariciándose con ternura después de haber follado con un 100% de pasión y entrega. Ella mandará el mensaje a la tele por hacer la coña y habrán esperado haciendo bromas a que sus nombres apareciesen en pantalla. Tras ver el resultado, Alex apagó la televisión.
Después de un silencio incómodo, él se habrá puesto en pie. Buscando los vaqueros tirados por la habitación pensará que pocas cosas joden tanto como que tener que ir a trabajar a media tarde, dejando a tu chica desnuda en la cama. Ella piensa lo mismo, aunque le quedan todavía un par de horas antes de ponerse tras el mostrador del bar de sus padres. Les espera una noche de mierda y lo único que les alimenta es tenerse el uno al otro debajo de las sábanas. En esa habitación desordenada a Sara le da igual que su padre no acepte que su niña bonita salga con un chico malvestido de Garrido cuyo único futuro es convertirse en oficial de primera en la carpintería metálica de su tío. En esa habitación no importa lo que diga la MTV y los 40 principales, ni la camiseta sudada y medio rota de Alex, ni la estufa que casi no encienden para ahorrar, ni las más de cien horas que trabajan a la semana, ni la falda que Sara ha remendado una docena de veces, ni los apuntes de clase que llevan perdidos bajo una montaña de ropa desde Octubre, ni las cartas y poemas escritos con cloroformo de su anterior novio.
Lo que de verdad importa es que mañana temprano él aparcará la moto debajo de su ventana y se sentará en un banco a ver amanecer mientras espera a que la panadería encienda sus luces. Comprará esos bollos de leche que a ella tanto le gustan antes de subir las escaleras y abrir la puerta sin hacer ruido con las llaves. Entrará en el cuarto, tirará la ropa al suelo y firmará con sus labios el cuello de Sara mientras se acurruca a a su lado.
Sara se despierta todas las mañanas al oír la moto. Le encanta esperar a que suba con los bollos. Cuando escucha sus pasos entrando en la habitación lentamente cierra los ojos como una niña que espera los reyes magos. Ella sabe que por ahora se tienen el uno al otro, y eso es más de lo que puede pedir de momento. Todas las mañanas se hace la dormida, todas las mañanas se desliza hacia un lado para hacer sitio en la cama antes de que llegue. Sara sabe que lo que de verdad importa es escuchar esos pasos. Que todo se reduce a eso, a esas pequeñas cosas que son la únicas capaces de salvarnos del vacío, Eso es lo único que al final merece la pena: el sonido de unos pasos amigos...
4 de febrero de 2013
IDIOTING CLASS HERO
A veces la vida se vuelve irrespirable. Estás en Madrid, disfrutando de unos bien merecidos días de asueto cuando de repente una llamada te dice que Maribel ha tenido un infarto y notas como todo se va a la mierda. Sí, el día menos pensado tu vida se desmorona y te pasas la noche entera bebiendo y preguntándote que coño pasa. Afortunadamente todo quedó en un susto, pero algo me sacudió por dentro y me dio que pensar. De hecho pensé en hacer inventario de mi vida, pero me daba miedo saber que realmente no tengo nada. Más tarde con la ayuda de mis amigos, la distancia en días y algún cubata acabé decidiendo que bajo el sol no todo va a peor. Que simplemente de forma cíclica en toda existencia pasan cosas raras y que “habemos” gente cuya vida consiste en eso, en una sucesión de situaciones extrañas donde se realizan acciones extrañas a horas todavía más extrañas Así que se me ocurrió que estaría bien hacer, a modo de terapia, una recopilación de algunas de las cosas extrañas que han pasado en mis últimas semanas, una especie de hipnosis regresiva sobre mis últimas estupideces. Así que mientras acaba la lavadora enumeraré alguna de ellas a fin de poneros al día y prevenir estas situaciones y así de paso os enterais de lo que no hay que hacer si quereis llevar una vida plena, más sociable e integradora y donde reine el sentido común. Procedo:
1)-Si has comprado algo en ebay y vas al banco a ingresar el dinero, procura llevar dicho dinero encima. Es de muy mal gusto insistir para que te dejen pasar ya que no llegas al trabajo y luego, delante del mostrador, rebuscar en los bolsillos un dinero imaginario que nunca ha salido de tu casa.
2)-No eructes como un adolescente, ni cantes a voces cuando estás sólo en el ascensor del trabajo, nunca sabes si hay gente esperándole que te mirarán como a un asesino en serie cuando se abran las puertas. Ya sabes que en el curro no captan las sutilezas. Situación tensa, no mola.
3)-No le preguntes por su hijo a esa vecina mayor tan simpatica, probablemente sea su marido y a ella no le parecerá gracioso creando un mal rollo considerable entre vosotros. Limitate a tu cometido de buen vecino y simplemente saluda educádamente.
4)-En esas tardes de invierno aburridas y melancólicas que todos de vez en cuando tenemos, nunca llames a una ex. O al menos asegurate antes de que no te odia a muerte ni de que esté loca. Ayuda bastante recordar por qué termino la cosa antes de marcar su número...
5)- Si compras congelados en el Champions vete a casa lo antes posible. No te entretengas de cañas por Van Dick aunque la compañía sea grata. Procura no seguir luego de copas con las bolsas de la compra derritiéndose en las barras de locales de diseño. Es feo, poco práctico.
6)- Cuando la chica tan mona que sale detrás de ti en el Paniagua te pregunta si tienes fuego no está insinuando nada, no quiere flirtear. No le cuentes la peli que viste el otro día de madrugada. Puede que ella también la haya visto. Asúmelo, no tienes historia entre manos, es más, si la tuvieras no estarías hablando con ella.
7)- Si de nuevo tienes una tarde aburrida y decides mensajear a un antiguo rollo asegúrate de que ella tenga claro que es un antiguo rollo
8)- Si al llegar a casa alguien ha escalado hasta la ventana para dejar regalos en el balcón, no intentes entenderlo, no hagas preguntas, tan sólo sonríe...
Y se acabó la lavadora.
13 de enero de 2013
MI PROPIO 11-S
No deja de resultarme curiosa la rapidez y facilidad con que a veces se rompe lo nuevo. Uno intenta con cada nueva historia que tiene entre manos no tropezar en la misma piedra y con el mismo pie, trata de enmascarar los errores del pasado, hacerlo mejor. Y no hay manera.
La abrazo pensando en lo bonito de que sea de noche y haga frío y estemos juntos. Al fin y al cabo dicen que Enero es época de rebajas, eso explicaría su tolerancia y mi presencia en su casa. De repente ella clava su mirada en mis ojos parece pensativa, así que la pregunto qué pasa por esa cabecita, y sin anestesia me suelta: “qué pasaría si al final no acabas queriéndome como yo me imaginaba.?Y qué pasa si al final no me quieres ni un poco. Y resulta que no me quieres ni demasiado poco, ni demasiado nada. Y si al final no sucede demasiado nada y todo resulta insuficiente”. Me extraña que se plantee estas cosas, de las que nunca habíamos hablado y que yo contaba con dejar de lado, así que la única respuesta que se me ocurre es ser sincero y lanzar un discurso acerca de que no pasa nada, que es mejor dejar fluir las cosas sin intentar atraparlas, ni reducirlas a nombres, ni arquetipizarlas y que me la pela que esto que tenemos entre manos siga indefinidamente acatarrado.
Me descabalga y se hace una pelotita. Yo no encuentro las palabras exactas que puedan deshacer el nudo que se ha creado. Permanezco demasiado callado ante sus dudas, demasiado inexacto frente a su espalda. Luego viene la sensación de haberme equivocado, de no saber leer entre lineas y quedarme como siempre embobado con los dibujitos. Y es que estar con alguien nuevo se parece a veces a jugar al buscaminas, todo consiste en ir marcando un territorio plagado de bombas, y siempre al final, alguna acaba explotando y causando daños en un mobiliario emocional recién adquirido.
Se gira y veo su rostro crispado, me repite una y otra vez que no lo entiendo, que no entiendo nada, que no la entiendo. Que no tengo ni puta idea. Y yo pienso, que no lo entiendo, que si la entiendo y que en el fondo no pasa nada porque no la gusto demasiado, porque no está enamorada, no llegué a hipnotizarla y ni siquiera sé si algún día hubiese logrado hacerlo, así que igual no conviene seguir con la función y es mejor devolvernos el precio de la entrada. Tal vez debimos conformarnos con que no salten chispas ni haya mariposas, ni fuegos artificiales que iluminen el cielo de Salamanca.
Al final seguimos hablando, repartimos las cosas y me toca quedarme conmigo mismo. Y eso es algo que no la perdonaré jamás. Volveré a ser yo, fingiré no haberla conocido, de hecho eso será ahora en mi vida, unos saludos de compromiso, unas miradas aburridas. Lo mismo que yo para ella. Luego me visto, cojo la puerta y salgo a la calle. Necesitado de aire, de distancia. Camino por la calle Zamora y la recuerdo hecha bola, con el caparazón de la rabia y la molestia. La recuerdo en la cama arqueando la espalda. arqueando y preguntando. Como si las palabras fueran a decirnos algo que no nos hemos dicho. Palabras que arrojamos como pelotitas de lana para que el otro las recoja y nos las traiga agitando la colita o las deshaga a base de golpecitos. Huyo de la sensación de molestar, de la impresión de no saber estar a su altura, de la inseguridad de haber metido la pata hasta el fondo, de sentir que tomaba posesión de cada centímetro de su piel sintiéndome un invasor, de no haber sabido explicarme, ni acariciar, ni sentir, ni sincronizarnos, ni follar, ni tan siquiera acertar con ese mensaje que jamás desee borrar de su móvil. Fumo, toso. En unas horas trabajo. Camino y son casi las siete y media de la mañana. Creo que empieza a amanecer.
2 de enero de 2013
ESPINITAS
Si fuera al casino a la mesa de Black Jack a jugarme cuanto tengo a una carta, sería a la carta a los reyes magos, y con mi suerte lo perdería todo. Saldría la de Papá Noel... Estoy esperando a alguien a la salida de un bar rodeado de mis amigos, de repente un chica que pasa se gira y viene sonriendo hacia mi. Tardo un montón de tiempo en ubicarla: la guapa del instituto, el pivón, la diosa dorada con aires de grandeza que una noche de hace mil años pisoteó mi ego con más crueldad del necesario. Tengo la sensación de que ella es una asignatura que tengo pendiente, y esta noche pienso aprobarla. Esta noche es la convocatoria de gracia. Lo más probable es que ella no se acuerde de aquella lejana noche en la que se entretuvo haciendo malabares con mis ilusiones, al fin y al cabo recibía más ataques al cabo de la semana que un convoy americano en Irak, pero para gustos las perversiones y tan sólo tengo en mente la imagen de mi rostro adolescente volviendo a casa con una ridícula expresión en la cara y masticando su rechazo.Esa maldita sensación triste que da un rechazo cruel cuando eres un adolescente.
Alaba mi aspecto (a base de decirme que “no he cambiado nada” logra hacerme sentir como el retrato de Dorian Gray) y yo lamento no poder decir lo mismo de ella. Hace unos años rompía cuellos cuando caminaba por la calle, hoy no creo ni siquiera que los camioneros frenaran un poquito. Ella ha empeorado con los años, yo simplemente me he envilecido.
Pongo la cara en modo automático y divido la mente en 3 compartimentos: el que escucha
su absurda perorata sobre el paso del tiempo, el que se pregunta que coño hace ahí y el que critica toda la performance. lo que temo es que el humo de mi cigarrillo acabe formando una nube encima de mi y dentro ella pueda leer mis pensamientos, como en los comics. Al final encuentro la oportunidad que me buscaba: me pide el teléfono con la excusa de quedar a tomar un café y ponernos al día de nuestras respectivas vidas. El Mr Scrooge que llevo dentro no va a perder la oportunidad de ser petulante y humillarla haciendo que se sienta ignorante y excluida de mi vida ajustando de paso las cuentas del pasado. Todos tenemos en alguna esquina del pasado algún rechazo que nos dolió más de la cuenta. Así que ahora me siento como el puto conde de Montecristo a punto de llevar a cabo su venganza: "Verás, paso de darte el teléfono porque creo que no tiene demasiado sentido, ya que no te encuentro atractiva para nada y tu conversación es tan aburrida y monotemática que llevo todo el rato componiendo canciones mentales mientras hablas y mirando alrededor a ver si aparece otra persona". El tiempo que su cara tarda en pasar de la sorpresa a la incredulidad es el mismo que necesitan los niños desde que se caen hasta que rompen a llorar. “eres gilipollas” me suelta. "Sabes eso de las chicas que están más guapas cuando se enfadan?, no es tu caso". Replico.
Con el medidor de ego disparado aparece una chica de Villamañán que tiene más planos en 3 minutos que una pelicula iraní en 2 horas y todo mejora mucho excepto la sensación de que mi madre me observa por el ojo de una cerradura cuando estoy en León. Regreso a Salamanca y a falta de pared, de espada y de antifaz donde pintar una gran Z y observarla con los brazos en jarras y la espalda arqueada, lo hago aquí...
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