Me cago en Dios!!, me he partido un puto diente!. Si mi dentadura ya de por si estaba jodida por la falta de alguna muela y algunas piezas mal colocadas lo que me obligaba a sonreír con la boca lo más cerrada posible, no por falta de sentido del humor o de motivos para sonreír sino por un exacerbado sentido estético, ahora que la vida me exige enfrentarme al verano ligero de escrúpulos y de ropa y en plena forma va y se me jode un diente. Intolerable que la mala suerte se cebe en mi. Que baje dios y me lleve de una vez. Mirando al cielo y todo eso. Lo del diente no viene sino a empeorar un estado físico que tiende cada vez más rápidamente a lo lamentable. Las entradas son cada vez más grandes y los michelines empiezan a aflorar por culpa de una dieta basada en el exceso de copas, la ausencia de ejercicio físico y los hábitos alimenticios de un niño somalí. Estas últimas 2 semanas me he dedicado a 2 esfuerzos titánicos: evitar la posibilidad de conocer a la mujer de mi vida en tales circunstancias, no vaya a ser que ella no vea que detrás de esta fachada desdentada se encuentra el galán que estaba buscando y por otro lado a intentar no morir calcinado en un incendio. No querría imaginarme la vergüenza que sería para mi madre que me tuvieran que identificar por la dentadura. Por eso estoy en la plaza de la libertad (como me gusta ese nombre) sentado en un banco que seguro que ha enseñado a besar a alguien. Porque estoy haciendo tiempo para ir al dentista a colocarme un diente de mentirijillas que le dé sentido a mi vida (eso suponiendo que alguna vez que mi vida lo haya tenido) y pensando en el blog. Imagino que si leeis esto es por que me he levantado, he caminado, he ido al dentista,he acabado, he pagado, me he ido, he llegado a casa y me he puesto a escribir. Y es que no había escrito desde hace mucho. Y no lo he hecho, entre otras cosas por que he estado bastante entretenido sintiendo, queriendo, casi a puntito de ser feliz. No hablo de la felicidad adolescente, de cuando te miras en el espejo antes de salir de bares sonriendo ante el personaje que el guionista te ha escrito para ti esa noche. No, la felicidad de la que os hablo se resume con dos líneas escritas en la servilleta de un buffet libre repleto de comida japonesa. Esa felicidad serena e imperfecta, la que se llena de claroscuros si no la abrazas con fuerza, eso es amigos, lo que he estado a punto de conseguir. Otro motivo por el que no he escrito es porque estado de vacaciones en Valdeón, acumulando motivos para poner la mano en el fuego por gente nueva y averiguando que no tengo manos para agradecer su confianza a todos los que quisiera.
Por lo demás en mi puesto de trabajo, del que todos sabéis ya lo suficiente, las cosas siguen igual. Mi único aliciente ha sido esperar tranquilamente la llegada de interinas a las que engañar, seducir y penetrar (este año no ha habido demasiada suerte y creo que me voy a comer una mierda como un piano) y hacer llorar a compañeras antiguas lo que me desasosiega el ánimo y me regocija el ego. Pocos sonidos tan bellos como el de una dama escandalizada ante los envites de un demenciado al que le da igual todo. Así que en resumen esto han sido unos días tontos. Unos simples días de descanso en los que comes demasiado poco, amas demasiado nada y bebes demasiado mucho. Unos días de espera donde lo único serio que haces es poner copas en la barra de unas fiestas de pueblo y buscar besos de instituto, unos días en los que acumular nuevos teléfonos en la agenda. Teléfonos que archivas con nombre de mujer y apellido de bares y en los que, al final, lo único que te queda es un café con miel en un sofá, la piel cubierta de sudor, algunos días buenos y otras tantas noches, cargadas de sonrisas y palabras y alcohol golpeando en la memoria. Siempre queda eso, siempre, y la sensación de no saber exactamente lo que ha pasado. La decepción de no ser el elegido de nuevo. Pero no nos dispersemos: Sabeis, los que lo sabeis, como está la cosa: Estoy a la espera de un gran cambio. Algo ruidoso, grande y lejano. Algo que me va a impedir escribir aquí en una larga temporada. Muy probablemente para siempre. Algo que no me dejará tiempo para comerme la cabeza como de costumbre. Una huída hacia... dejémoslo en escapada..Y es que me he cansado de esto. Si, cierro esto. Como cerré el otro. Como cerraré el próximo. Porque en todo este tiempo tambien he descubierto que esto ha dejado de gustarme, que en este concurso de popularidad donde todos intentamos salir bien en la foto siempre tengo una mueca extraña. Que esto de escribir sobre lo que me sucede para que lo lea gente que no me importa ha dejado de tener gracia. Hastío. No es la palabra. Pero es la que más se le parece. Hoy publicaré esta última entrada y buscaré lo que pasa luego. Leeré el final del capítulo antes de dejarlo todo como está.
Me levanto, sonriendo ante la idea de llevar a cabo esa decisión en cuanto acabe con el dentista y llegue a casa . Hace calor en la ciudad. El verano nos muestra su cara más tópica. Las chicas acortan sus ropas, las chicas pasan en bicicleta, las chicas escuchan canciones hermosas en sus Mp3. Y entre todos estoy yo, con la brisa lamiéndome la camiseta, sonriendo, llevando el sol en el hombro igual que un pirata lleva su loro, silbando una canción de Sabina que ya no recuerdo. Esperanzado y feliz. Y todo parece que está bien, aunque lo más probable es que no lo esté. Y llego a la Plaza Mayor y entro y me pierdo entre la gente, y nada más....
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