Ya ves chico para lo que has quedado: Ahora sólo te queda de nuevo esta especie de monólogo. Sólo otra vez yo. Más de un mes de alegria, júbilo y euforia en la que renegar del blog para acabar descubriendo que escribir sigue siendo uno de los pocos refugios que palían esta desazón, los brazos que me recogen cuando caigo y caigo al fondo de mi mismo, la última voz cuando pensaba que ya lo había dicho todo, la salida de emergencia cuando me siento perdido, quien sabe escucharme todavía cuando ya nadie quiere saber nada de mis monerías.
Esta noche he jugado fuerte y he perdido. Entre el humo, el frio y el ron, en el Clavel 8 se escondía la chica que escuchaba a Sabina y leía a Goytisolo y mis últimos barcos partieron hacia ella sin reservas ni prudencia. El resultado fue un desastre como el de la armada invencible. Además perdí la bufanda, un negocio ruinoso. Como estrategia la habitual: risas, regalarle algún Gil de Biedma que me sé de memoria junto a alguna cita de cine para que vea que tengo varios registros. Siempre he pensado que la cultura cotiza al alza en el mercado del flirteo y por eso a veces enseño mis plumas teatrales, pedantes y trucadas pero resultonas que es de lo que se trata: para llevarla al borde del precipicio bastan algunas citas memorizadas, y algo de cercanía, para pedirle que salte conmigo hay otras cosas inventadas: las cenas, una surtida biblioteca, artilugios sexuales. Pero hoy a fallado todo. Yo, los libros, las palabras y al final en lugar de besarme y susurrarme un "vamos a tu casa" ha salido y ha regresado con su novio, y me lo ha presentado y me he sentido ridículo. Esta vez el salto mortal ha terminado en hostión contra el suelo, la peli no ha tenido un final feliz, y que me pase a mi, con la rabia que eso me da. Podría recomponer mi dignidad y decirle lo equivocada que está, que soy mejor. Que nadie sabrá mirarla con mis ojos, que nadie sabe los cuentos que yo conozco. Que sentirse una princesa es algo maravilloso y que las llaves de los palacios más hermosos están todas en mis manos. Que, como dice Sabina, tarde ya comprenderá porque le digo que esta noche tenía que haber venido conmigo. Y sabeís una cosa? Que lo más probable es que tenga razón. Soy bastante idiota, pero se está bien a mi lado cuando me pongo estupendo. Puedo lograr que lo que en otros resulta irritante en mi resulte encantador. Soy el peluche perfecto. Porque el gran cabrozano sabe escuchar cuando le interesa, el gran ególatra puede ceder terreno y hacerse pequeño, y lo bien que me queda el numerito ( deberíais verme) ante personas que siempre se creyeron sin importancia porque hasta para ellas es obvio que nunca la tuvieron. Sé dejar que se miren en mis ojos y se vean mejores de lo que realmente son, puedo fingir que me quedo tonto de tanta belleza, y sé no besar unos labios cuando todavía no están maduros mientras me dedico a arrancarles sonrisas. No tengo nunca prisa, sé respirar hondamente como si lo sintiera de verdad, como si sintiera algo más de la estricta curiosidad de saber como es su ropa interior.
Probablemente sí, esta chica de hoy algún día lamentará no haberme conocido. Cuando descubra que todos los sueños tienen un techo, y que los suyos lo tienen muy bajo. Cuando sus pechos se empiecen a sentir incómodos en el traje chaqueta de la fidelidad. Cuando pase la pasión y solo quede un piso en uno de los barrios más feos de la ciudad y el autobus de regreso a casa lleno de raros, y los findes repetidos de bar en bar, de besos que se sabe de memoria, de amigas que siempre dicen lo mismo y están en los mismos sitios, en las mismas historias contadas tantas veces que ya no hacen gracia. Cuando descubra que hace falta algo más que la bondad infinita de su novio para aprender a volar. Pero no me engaño. Aunque siga escribiendo en otro blog que en el fondo ella se lo pierde, que soy un lujo de tipo y bla, bla, bla, y aunque tenga lectores que aplaudan, se descojonen de mis miserias y hasta me crean, en el fondo me la pela. Ahora lo que me jode pensar, y por eso lo escribo, es que mientras tanto el fulano de su novio se la está zumbando, con menos talento, con menos cerebro, con menos palacios y yo aquí solo sin otra cosa que hacer que escribir un blog. Ya ves chico para lo que has quedado.