Iba a escribir sobre tí, te lo juro, sobre un día (que imagino no recuerdes) en el qué te tomé el pulso mientras leíamos escuchando a Lou Reed y nos acariciábamos. Bombeaba 63 veces entre 2 minutos absurdos de una tarde de otoño. El mio iba varios latidos por detrás y todavía me pregunto si eso significaba algo o es que soy un completo inutil haciendo cálculos o simplemente era la factura del tabaco y los excesos, el peaje a pagar por tantas noches solo y estupendo... porque me niego a pensar en algún tipo de problema cardiaco que me lleve a la tumba.
Pero ya sabes lo que me cuesta hacer lo que tenía pensado y lo que me cuesta intentar darle un sentido a mi vida, y además hoy tengo el ego en carne viva. Así que prefiero encenderme el segundo cigarrillo desde que he empezado esta entrada y decirte que es de noche y hace frio y suenan los Piratas y el resto del mundo me la trae bastante floja. Y es que de repente me he dado cuenta de que me apetecía escribir como antes. Como si vomitase hasta que no quede nada dentro.
Y decirte que de nuevo tengo un blog sobre esta vida simple y aburrida como un telefilm de antena 3 que llevo y que esta vez tampoco se lo contaré a nadie que no sea un completo desconocido(y esta vez seré más radical y solo me abriré la gabardina de la sinceridad para gente que no conozca el anterior blog)como un lobo que va borrando con la cola el rastro de sus huellas en la nieve. Y eso te incluye a tí. Un blog en el cual hablar de nuevo de todos los horteras que se llevan a la chica a mitad de la noche mientras yo hablo con mis amigos sobre cine, de todos los modernos que se las follan mientras yo me pido la última copa en el último bar, de esas niñas que sonrien desde el final de la barra y luego desaparecen como el ajo a los vampiros. De esas chicas que tienen mi número en el movil y cuando están a puntito de llamar se cogen un dvd. De aquella maldita noche en la que los taxis de Gran Vía se convirtieron en calabazas para recoger a una Cenicienta capaz de coser sonrisas con su lengua en mi boca. Calabaza que apareció en medio de una noche para llevarsela a Garrido donde un cuerpo caliente la esperaba, dejando atrás la mirada decepcionada de un chico solitario sin drogas en su apartamento de la Avenida de Italia.
Así que como ves voy a seguir durante un tiempo manteniendo el equilibrio a base de palabras e intentando firmarme la escayola con el brazo bueno, a ver como sale. Escribiendo sin más, sin pretensiones, con la esperanza de que nunca lo leas, sabiendo que para tí nada ha cambiado pero para mi sí.
Yo escribo, alguien lee...
23 de enero de 2012
8 de enero de 2012
SUCEDE EN JUEVES
Me gusta ver turistas solas por Salamanca. Uno las ve caminar observando el entorno, abducidas por la arquitectura de las calles del centro. Secuestradas en medio de rutinas ajenas por la belleza de una ciudad sin manual de instrucciones. Confiando en que en ese viaje todo salga rodado. Me pregunto si yo actuaré igual cuando viajo.
Algunas son preciosas y yo, como es habitual con el amasijo mal colocado de neuronas que dios me ha dado por cerebro, fantaseo dentro de mí con la posibilidad de oler su perfume mientras les señalo en el callejero el maldito camino más corto a la Plaza Mayor.
La chica de pelo corto de esta tarde parecía recién salida de la portada de una revista Vogue de los años 60. Atravesaba Libreros con paso timorato y me preguntó como llegar a la portada de la Universidad. Alabé su acento y la acompañé hasta que embocamos el patio de las escuelas. Nos despedimos mientras la fachada de la uni a base de Plateresco nos adornaba la escena haciendo de decorado, pero cuando me alejaba, miré hacia atrás y la vi fotografiando con meticulosidad, encuadrando con una cámara reflex, y pensé que esa informe rana que todo el mundo busca y esos preciosos altos y bajos relieves jamás habían estado tan quietecitos para salir bien en una foto....
Algunas son preciosas y yo, como es habitual con el amasijo mal colocado de neuronas que dios me ha dado por cerebro, fantaseo dentro de mí con la posibilidad de oler su perfume mientras les señalo en el callejero el maldito camino más corto a la Plaza Mayor.
La chica de pelo corto de esta tarde parecía recién salida de la portada de una revista Vogue de los años 60. Atravesaba Libreros con paso timorato y me preguntó como llegar a la portada de la Universidad. Alabé su acento y la acompañé hasta que embocamos el patio de las escuelas. Nos despedimos mientras la fachada de la uni a base de Plateresco nos adornaba la escena haciendo de decorado, pero cuando me alejaba, miré hacia atrás y la vi fotografiando con meticulosidad, encuadrando con una cámara reflex, y pensé que esa informe rana que todo el mundo busca y esos preciosos altos y bajos relieves jamás habían estado tan quietecitos para salir bien en una foto....
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