28 de marzo de 2013

COPAS GRANDES PARA CHICAS PEQUEÑAS


Apenas son las 12 de la noche, llueve y todo apunta a que va a ser una noche invertebrada de esas, miradas descosidas, patitos feos que evitan espejos, borracheras descarnadas, hastío, sonrisas enguantadas, voces que no dicen nada, desarraigo, oídos que no escuchan... Llevo un rato preguntándome porqué he salido con esta gente y buscando una vía de escape. Miro a mi alrededor y me da la sensación de que todo el pescado está vendido y no me han guardado ni una triste ración. Llevo las últimas horas a base de cañas y tapas y en compañía de gente con la que no me apetece demasiado estar, empiezo a vislumbrar un cuadro que ya he visto: “naturaleza muerta con borrachera al fondo”. Un grupo de chicas me preguntan si les puedo sacar una foto y con esas palabras me dan un cheque en blanco para darles la brasa sin piedad. Son varias y llevan una borrachera del carajo, no puedo contar con cobertura por parte de la gente con la que he salido, más preocupada en no decir nada, como marionetas absurdas, que en conocer gente, pero no hay sistema de seguridad 100% infalible así que aunque sea como intentar subirse a un autobús que lleva varias estaciones previas, pongo la mente en def con tres y me lanzo sobre la que considero más atractiva que es la única que no va como Dustin Hoffman en Rainman y se mantiene en un discreto segundo plano. Si te van a dar una puñalada al menos que sea con un cuchillo bonito. Me pongo a hablar (todavía con una cierta lógica) sobre algo relacionado con el cuadro del bar de Hopper y la chica tímida sonríe y me sigue el juego. Me empieza a caer bien. Quien lo iba a pensar, resulta que a este grupo le pasaba lo que al cine español: que lo mejor son las secundarias. Sus amigas se van, y ella habla algo con ellas y decide quedarse conmigo. Ni siquiera me molesto en despedirme de estos y oigo la voz de un presentador en mi cabeza que grita: que empiecen los juegos del hambre!!.. de bar en bar y de palabras en sonrisas acabamos en la Espannola donde resulta que hay fiesta-guateque, inmediatamente me entra síndrome de Stendhal a la inversa: buena música y grata compañía, todo apunta a que va a ser una buena noche. Imaginad la sensación de ver desde lejos a 2 coches que se dirigen el uno al otro por una larga carretera recta de un sólo carril. Eso me pasa en este momento. Miro la copa y la noto triste, como si anticipase su inminente final, así que me la bebo de un trago y la propongo irnos a mi casa a ahuyentar soledades, a burlarnos de los amigos y a sacar las manos por la ventana para que nos las moje la lluvia. Ella, me responde que está muy cansada y que se va para su casa, inmediatamente mi sentido común decide darme un parte amistoso en lugar de hacer su trabajo y antes de que lo pueda analizar me escucho a mi mismo ofreciéndome a acompañarla. inmediatamente oigo salir a las tropas de la cordura para hacer hueco a las huestes del arrepentimiento. La acompaño a la parada de taxis de Plaza España como el que sigue el camino de Oz, llegamos y me despide con un triste beso. He caminado demasiado para esto. Pobre recompensa para la noche. Tengo la sensación de que si cogiera todos mis pasos desde las 6 de la tarde y los uniera hubiera podido llegar a la luna y volver. Regreso a casa cabizbajo bajo la lluvia y con una bruticial erección de adolescente. Recorrer la milla verde debe parecerse a esto. Casi me daban ganas de llorar, y aunque he llegado con la mejilla mojada, quiero dejar patente que no he llorado. Simplemente seguía lloviendo...

12 de marzo de 2013

EL FRIKISMO EN LOS TIEMPOS DE CÓLERA

Está bastante claro que vivimos en una sociedad compuesta esencialmente de idiotas, en la que todo tiene que encajar y ser facilmente etiquetable. No tiene demasiado sentido que alguien vista de una determinada forma y luego escuche a los Pixies o a los Enemigos, ni tampoco se entiende demasiado que leas a Perez Reverte y a Borges. Se trata de esquematizar, de ser aceptado como una muestra socialmente aceptable. Tal vez por eso los frikis me suelen gustar. De hecho son muchos más de los que uno podría pensar y por la mañana y a primera hora de la tarde aún tienen cara de pocos amigos. Tratan de pasar desapercibidos entre las hordas de la normalidad. Ahí puedes ver a una de ellos en los pasillos de la filmoteca o en el Potemkin, apartada de los demás, de pie, apoyada en la pared y mirándose los zapatos mientras espera que alguien la haga caso o empiece la película. O ese de eterna camiseta negra y gafas que te encuentras en la tienda de comics cuya vida real transcurre en una pecera de TFT. Y tambien está ese otro que te cruzas por Gran Vía caminando calle abajo con una mochila al hombro y mp3 a todo volumen ajeno a todo lo que pasa a su alrededor. Como todo lo extraño y singular, los freaks siempre me han atraído. Mucho antes de conocer la palabra que les designa me he relacionado con ellos. Han sido mis amigos y es que, en definitiva, la gente normal me suele aburrir. Me siento más libre saliendo de copas con unos amigos más bien frikis y creo que sólo he podido acostarme y enamorarme de chicas más bien raras. De todas formas, por mucho que me espante la vulgar normalidad, tengo que reconocer que despues de una larga temporada frecuentando frikis termino un poco harto de tanto tipo peculiar y me empiezan a saturar. Son demasiado individualistas, casi nunca forman un grupo entre ellos, (como no sea para jugar al rol )y es que si se dice que no hay 2 personas iguales, mucho menos 2 freaks. La experiencia me dice que si le preguntas a un friki, éste suele calificar de tipo raro a cualquier otro friki, y lo dice considerándose a si mismo alguien completamente normal. Y ahora que lo pienso puede que eso mismo me esté sucediendo precisamente a mi.