25 de noviembre de 2012
SE ACABÓ LA FIESTA
Cuando suena “la bola de cristal” en el Cente respiras hondo y enciendes un cigarro. Significa que ya dejan fumar y que te vas. En el Puerto anuncian que la función ha terminado con el “New York , New York” de Sinatra, y se acabó lo que se daba y da igual si la noche ha salido bien como si había garrafón o la ginebra estaba aguada, no se admiten reclamaciones amigos. Suena la canción y la cantas con las últimas fuerzas que te quedan. Con los pies recocidos en “these vagabond shoes” y Sintiendote “the king of the hill, top of the heat”. Te sorprende que todavía estés en pie y no te hayas desmayado de puro desfase y cansancio. Observas a la gente y buscas alguien con quien tomarte una última copa al salir. Una chica a la que dejar en casa cuando amanezca.
No encuentras a la chica del Brugal con naranja que se sabía todas las canciones y observas como aquella del pelito corto que te atravesó con su sonrisa una hora atrás, se besa largamente con el tipo alto y tatuado de la gorra. Un tipo con suerte piensas. Un tipo con demasiada suerte. Sigues buscando alguien a quien ofrecerle prolongar la noche un poquito más, pero hoy no ha venido nadie con quien apetezca seguir y te irás solo a casa.
Sinatra sigue cantando con la ternura de las canciones que ya eran clásicas antes de haberlas escrito.
Recuerdas que mañana será un día duro, que apenas te quedan horas para dormir, que tienes hambre y una cita a la que no quieres acudir esta semana.
Entonces sientes esa ligera depresión que te dan los últimos bares en noches como esta.Y por ello me prometo a mi mismo que cuando llegue a casa pondré esa canción y dedicaré una entrada a toda esa gente que guardan un sueño delante de una barra, en una cabina de pinchadiscos o en la pista. A los que salen a tomarse una copa después de haber sido vapuleados en el curro horas antes y todavía saben llegar a casa 7 horas después. A aquellas personas que ya cumplieron los cuarenta, sencillas y divertidas y que no pueden evitar pensar en su ex. A esos veinteañeros que se olvidan del camino a casa y de los reproches de papá. A todos los que tienen ganas de salir corriendo y buscar algo mejor ahí fuera, lejos de las conversaciones y la música y aún así se quedan a tomar la última. A los que siempre tienen algo urgente que hacer , a los que piensan : “a casa no, a otro bar”, a los que lucen ojeras al día siguiente en el trabajo,a los que pierden el número de la persona que besaron pero no olvidarán jamás su nombre ni los momentos compartidos, a los que caminan con los mismos zapatos desde que aprendieron a caminar,a los que coleccionan anécdotas desde su puesto de pincha, a las camareras van al curro con los apuntes del examen, a los que saben rimar la palabra esperanza, a los que miran timidamante, a los que coleccionan cicatrices orgullosos y sobre todo a aquellos que todavía les resuena en los tímpanos el portazo que les dieron en marzo.
Voy a poner esa canción y me acordaré de todos, de ellos, de vosotros, de mi.
8 de noviembre de 2012
BATALLAR EN CAUSAS PERDIDAS
No sé porqué tú rostro me ha aparecido ultimamente en la copa de ron nocturna. Tal vez se trate de que en estas vacaciones he pasado bastante tiempo recapitulando las viejas glorias que se quedaron en un mal trecho. Recuerdo aquella tarde, pintabas con tanta dulzura que parecía imposible hacer lo que hiciste. Luego vinieron tiempos difíciles para tí. Por mi parte después de conocerte ansiaba encerrarme a escuchar música y a escribir hasta que las palabras dolieran como tumores malignos, hasta que reventaras mis venas de recuerdos.
Saliste de mi vida como una canción llevada por el viento, sin elegancia, por la puerta de atrás. Una noche te encontré sentada fuera del bar murmurando palabras de niña asustada. Te pedí una explicación por el daño causado y tú ahondaste con sal en la herida diciendo que sólo la entregarías a cambio de un abrazo. Me conmovió tú desesperación, pero no me quedé a oír el resto de las historia. Con el paso del tiempo escucharía muy a menudo relatos más incisivos, vidas de personas más rotas que un piano de cola en una vía del tren.
Pero a pesar de todo la imagen de tus manos de porcelana pintando y tu cuerpo envuelto en una camisa vieja demasiado grande, me siguen pareciendo algo grandioso, monumental, acojonante.
Tomaste tú decisión, supongo que fue más tarde cuando vinieron todos esos señores de grandes promesas que te dijeron mentiras como constelaciones. Y te las creíste todas. Mentiras que consiguieron arrebatarte la pureza que quedaba en tú cuerpo.
Sabes? A veces todavía sueño que encuentro al adolescente que fui llorando sin una nota de despedida empapada en tú olor. Entonces aprieto los dientes y escribo con la desesperación que da el miedo a la soledad, con esa peligrosa mescolanza de odio y tristeza que me produce el no tenerte...
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