29 de mayo de 2013

EL IMPOSIBLE OLVIDO

Busco la confirmación de un vuelo en mi correo y donde espero encontrar un pasaporte para planear mis vacaciones, lo que encuentro es un mail cargado de insultos. Despues no he sabido si sentirme molesto o halagado, y al final he optado por esto último, así que lo he imprimido y me he dedicado a enseñárselo a lo más ceporro de la sociedad charra: mis compañeros de trabajo. La verdad es que no necesito los consejos de todo a cien de ninguna monguer, Y si los necesitase no los querría. Porque mis errores son mejores que sus aciertos. Pero me ha gustado que siga intentándolo, es un espectáculo gracioso. Sinceramente los insultos contra mi están tan manidos que han perdido toda su utilidad. Se han quedado en un desesperado grito de llamada de atención, y sintiéndolo mucho no llaman la mía en absoluto. Pero me ha dado un aliciente en esta miserable vida mía: me he puesto a pensar en todas esas chicas que una vez han sido. La verdad es que no se puede decir que no he intentado olvidar/olvidarlas/olvidarte. Lo juro, he salido, he bebido, y he hecho caso a todas y cada una de mis (escasísimas) pretendientas. Por si alguna lee esto he de confesar que no estoy seguro de si he conseguido olvidaros (bueno, a alguna si). Por ejemplo; hace unos años salí con una friki de internet, rollo ciberpunk que me hablaba de crackers y de hackers y de extropians y de servidores. Todo esto mientras escuchábamos música trance y bebíamos las primeras bebidas inteligentes. Pero ya me conoceis, acabé hasta la polla de esa pretendienta mutante que me trataba con tan poca humanidad. Y recordaba tus mimos, o tu incapacidad para enfrentarte a un cable o un enchufe o tus morritos cuando fingías enfado. Luego cuando estaba en Cádiz tontee durante una (breve) temporada con una chica que curraba en Sony music. Sólo sabía hablar de tantos por ciento, de royalties, de comisiones, de discos de oro, de covers. Todo bebiendo bourbon y escuchando Rock and Roll. Acabe harto de sus botas de tacón cubano y de su sempiterna cantinela de que se iba a comprar una Harley. Y me acordaba de las canciones tontas que descubriamos, o de tu predilección por la música española de los 80 o de tu radiocassette de 4ª mano o de tu incapacidad absoluta para moverte al ritmo de la música. Un tiempo más tarde David me presentó a una tipa que iba de pintora aunque tan sólo había expuesto en un par de bares de León. Esta tardó menos en saturarme a base de chapas sobre realismo objetivo, que si creación por ordenador, que si marchantes, que si galeristas, que si amarillos ocres, que si azules añiles, que si el inconsciente colectivo, que si la herencia de Kandinsky, la semántica cromática... su puta madre. Y todo esto bebiendo Riojas en el Bellas Artes, donde ni siquiera había música que escuchar. Y me acordaba de aquel poster que te regalé para tu 18 cumpleaños y que nunca colgaste en la pared, como si dieras por hecho que tarde o temprano acabaríamos y que no merecía la pena prestarle mucha atención. O de aquella estrella de cartón piedra que te dí en una visita a tu pueblo en verano. Y también una vez intenté algo aquí en Salamanca (esta fue la peor) con una periodista de uno de los periódicos locales que intentaba vivir de la literatura. Se podía tirar toda una tarde hablando de ejecuciones de diálogo, de la superabilidad del texto, de la significación peyorativa, de talleres de creación, de editores. Bebiendo mojitos en el Birdland y escuchando Jazz. Y pensaba en como fruncías el ceño concentrada frente al Word pasando un trabajo para la uni, o de como nunca ponías un punto en su sitio, y también me acordé de esa chica desencantada que navegaba despistada por tus cartas. Así que no se puede decir que no he intentado olvidar. Lo he intentado con todas mis fuerzas, pero parece que en esta ciudad (ni en ninguna) es posible encontrar a alguien que sepa hablar de algo que no sea lo de siempre, que me haga sentir vivo y que existo, que me haga sentir lo que sentía por alguna de vosotras. Alguna nunca se dio cuenta de que estaba por encima de todas las cosas, incluso ahora cuando ni siquiera estais a veces os hecho de menos. Sobre todo porque parece que estoy condenado a ser devorado por las fauces de la modernidad y las maestras del postureo y la pedantería. Pero bueno, entre tanto que no se diga que no he intentado olvidaros...

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