15 de abril de 2013

VEN ESTA NOCHE

"Mejor lo dejamos aquí" digo mientras separo mis labios de los suyos. Ella pone cara de extrañeza, quiere una explicación. Explicación que por supuesto no le voy a dar. Los pensamientos me duelen y se acumulan en mi boca y yo no les dejo escapar de ahí. Prefiero no decirle nada, callarme, como hago habitualmente, encerrarme en mi mismo para evitar sorpresas. Curiosamente desperdicio buena parte del fin de semana recordando esas (escasas) veces en las que he sido yo el que decidió que las circunstancias no permitían seguir con una historia. Esas (raras) ocasiones donde no he querido implicar a una persona en mi vida, ni siquiera por un minuto más, por muchas y variadas circunstancias: por que trabajaba conmigo, por temor a perder algo, por miedo, porque directamente solo me gustaba de una manera meramente sexual, por interés, o simplemente por el vértigo que me producía el hecho de que llegase el día en que ya te lo hayas dicho todo y no soportara mirarla a los ojos. Y recordando, recordando he llegado al 2011 y a ella. Sobre todo a la despedida y a como se fue desarrollando todo. Recuerdo perfectamente el momento: siguió todo recto y en la primera esquina que encontró dobló. Vale, no era el momento de mirar hacia atrás y ver que todo se quedaba en el tintero por falta de pureza: las mentiras que jamás nos contamos al oído, los viajes que no hicimos, los excesos que no cometimos... en un par de semanas todo nos había ido separando y con un frío beso de amigos pues todo lo vivido se quedaba en el aire sin base sobre la que sustentar lo que nos rondaba en la cabeza a los 2. Como si jamás soñásemos con acariciarnos nos íbamos en direcciones contrarias negándonos a nosotros mismos cientos de orgasmos y de caricias que nos arrasaban el cuerpo cada vez que nos acordábamos de que el otro existía. Como si tal cosa luego, una ciudad pequeña ya se sabe, nos veíamos de vez en cuando pasar del brazo ajeno y fingíamos como buenos "amigos". Fingíamos que éramos felices el uno frente al otro y en alguna ocasión hasta tomamos café y hablamos... pero hablamos del tiempo que nos rodeaba y no del que nos quemaba dentro. Después la vida nos fue separando, porque da bastante asco cuando llevas demasiado tiempo deseando algo y , como acaban estas cosas, Helena y yo nos acabamos cogiendo manía y nos odiábamos entre hipócritas felicitaciones de cumpleaños, sonrisas de compromiso en los bares y de vez en cuando un "que tal todo?" en un mensaje del móvil... y nos jodíamos vivos porque los dos soñábamos con el mismo polvo y cada uno en solitario seguía negando la existencia del otro y cayendo en brazos ajenos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario