27 de abril de 2013
DUELO EN LA CUMBRE
La culpa es mía por incauto, por ir vacilando a tontas y a locas (y habitualmente en sentido literal). El coraje que me ha dado, me lo merezco por pringao, cruzadme la cara con un tranchete es lo menos que me merezco tras tamaña humillación. Y es que esa hija de puta!!. No ha venido. La he esperado y esperado y no ha venido. Me he duchado, me he (des)peinado, me he sonreído al espejo al verme como quería, me he sentado a leer algo de Kiko Amat y con la felicidad esa tonta del que está ilusionado he esperado a que llegara. Y no ha venido. Esperé y esperé hasta que era evidente que no iba a venir. Un mensaje me lo ha confirmado despues. Y la verdad es que me ha sentado putapénicamente mal, pero por otro lado es curioso, por que tras ponerme un ron cola y un par de canciones de esas que son un bálsamo para la desazón me he dado cuenta de que debería darle las gracias. Las gracias por que los que tenemos ilusión tendemos a sentarnos y esperar olvidándonos de que la vida sigue su paso. Las gracias porque la soledad y yo nos conocemos y nos entendemos y ella nos había tenido temblando en los últimos tiempos. Las gracias porque yo, como toda víctima de una dulce ilusión, empezaba a no ver mi camino sino el nuestro, y que coño, prefiero seguir siendo yo. Las gracias porque yo ya empezaba a creer en la gente dudando de mi mismo. Las gracias por cosas como esta, porque a estas alturas de la noche esperaba que ella me acompañara en este viernes triste y absurdo y sólo cuando la soledad me azota en el culo más de lo normal puedo escribir aquí. Las gracias porque ahora que vuelvo a estar sólo un viernes más, me estoy planteando llamar a Dimas, a Juanjo y a Mario que están de bares y unirme a ellos a seguir buscando alguien con quien soñar. Las gracias porque así no me siento atado, y no siento que tenga que abandonarme a mi mismo o a mis amigos para ir con ella. Las gracias porque aunque reconozco que me dolió muy dentro, cuando lo he asimilado y me he calmado me siento como si hubiera crecido. Las gracias porque mi ingenuidad me gasta malas pasadas a veces y esta vez casi me lleva a pensar que me quería durante un ratín, casi me lleva a olvidar lo que ya había aprendido, asi que... Gracias Marta por no venir.
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