5 de junio de 2013

CRISIS


Camino por la plaza del Corrillo y veo un grupo de estudiantes guiris con un pedo más que considerable, uno de ellos se me acerca y me pide un cigarrillo en inglés. Cuando lo hace se vuelve a sus colegas y les larga una charla sobre la conveniencia de pedirme otro para ellos. Se lo niego de la forma más desagradable que puedo hablando en un español rápido y atropellado para que no me entienda. Su cara de mongolomórfico me mira con desagrado pero no chista. Parece que estos americanos cuando están pedo son tan parlachines como cobardes. O eso o este árido acento español que tenemos les suena a la lengua de Mordor y les acojona. Una de dos. Unos pasos más allá me cruzo con otro grupo de estudiantes. Esta vez son patrios. Vociferan en grupo canciones que no conozco. Estos son los líderes del mañana, los que pagarán mis pensiones. Un país con una crisis galopante, un 26% de paro y ellos gritando canciones en lugar de dejarse la garganta protestando. De donde no hay no se puede sacar. Aunque por otro lado tal vez debería ser comprensivo, tal vez si yo hubiese tenido algo más de cabeza y algo menos de estulticia no hubiera abandonado la universidad y me hubiese lanzado también a la aventura transeuropea engrosando las listas de gilipollas mega-sexuados e hiper alcoholizados. Si, debería ser más comprensivo, pero es que últimamente estoy un tanto asqueado con este país. Por ejemplo, el pasado finde en la feria del libro de Madrid percibí el mongolismo pronunciado de los que hacían cola para que María Teresa Campos o Mario Vaquerizo les firmaran. Mientras tanto Martín Casariego, Almudena Grandes o García Montero languidecían aburridos en sus casetas. Me cuesta sentirme integrado en un país en que 50.000 personas van a recibir al último fichaje del Barça mientras pierden sus derechos. En un trabajo donde hay una asamblea sindical y sólo asisten 5 de mis compañeros. Esto se va a la mierda. Lo que se ganó con lucha y sacrificio se va a perder por cojonazos, por tener la bolsa escrotal demasiado holgada, por ridículos e inmaduros. Como no van a dar ganas, a veces, de coger una botella rota o un arcabuz y empezar a degollar a mansalva. Este país es antiguo, con mogollón de taras seculares, construido a base de mierda y sangre (como casi todos por otra parte), atrasado como pocos en la vieja Europa. Pero el problema no es que no funcionen bien la democracia, los bancos, los políticos o lo público.... Lo que, por encima de todo no funciona bien son sus habitantes. En fin, tampoco es que vaya a arañarme la cara como una mujer griega de la antigüedad, simplemente quería dejar claro mi cansancio, mi escepticismo, mi hastío... lo que pasa es que me mola envolver cualquier nimiedad de una patina de pedantería trascendental. A pesar de eso si me llaman para ladrar mi rabia todavía acudo; si hay que levantar un muro, aquí está mi ladrillo. Este compromiso con causas perdidas no tiene nada que ver con romanticismos y idealismo. Simplemente es una cuestión de principios. Por que es de las pocas cosas a las que me obligo a ser leal: a mis principios y a mi felicidad. A mí felicidad porque considero que el día no ha terminado hasta que te has reído como un enajenado. A mis principios por que ha costado mucho tiempo adquirirlos, y elegirlos y son la consecuencia de haber nacido en este sitio y en esta época. Hace 100 años eran otros. Miles de kilómetros al Este también son distintos. Pero sucede que al final con el corazón no hay razonamiento posible, es insobornable. Con la polla también pasa.

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