24 de octubre de 2012

UVE DE VENDETTA

Reconozco que me apetecía localizar en Youtube "segundo premio" de los Planetas o alguna de esas canciones tristes que me gustan. Pero hoy no ha hecho falta doping musical para lograr este estado de ánimo que cada vez es más habitual en mi. Este cinismo rancio que mezclo con esa melancolía arraigada que practico desde hace años como un verdadero profesional. Después, una vez llegado casi al borde de las lágrimas, había pensado ponerme a escribir sin esfuerzo sobre la clase de hijo de puta que eres. Todo plagado de las habituales tonterías sobre lo mucho que creo saber de la vida y un montón de frases solemnes como que el mundo me arroja de nuevo a las barras de los bares y una retahíla de comparaciones entre mi estado de ánimo y los baños del Paniagua. Por supuesto no faltaría algún taco y un montón de verbos conjugados en tiempos que no domino en absoluto. Una frasecita que crea impactante aquí y otra dosis de sinceridad sangrante allá. Vale, daría pena, pero es que en ocasiones dar lástima es lo único que sé. A veces incluso de dar pena se me olvida hacer la compra. Pero el caso es que el viernes me voy de vacaciones a volver a decirle a alguien que odio los "te he echado de menos" y de paso a seguir huyendo del dolor como buen cobarde que soy, con lo cual no me apetecía demasiado ponerte a escurrir. Hoy lo único que tenía que hacer era lo correcto, y por una vez lo he hecho. Ojalá tú, queridísimo bastardo miserable lo hubieras hecho cuando pudiste. Si, campeón, has ganado, lo reconozco. A veces gana el malo, el mierdecilla, el fracasado que se conforma con arrastrar a los demás a su propia negligencia emocional. Así que ya puedes estar tranquilo, ya no tienes que preguntar más por mi. Que si voy o vengo o dejo de venir. No problem. Me retiro, me he ido. Tú ganas. Te conozco y conozco tu rastrero juego. También en mi vida hubo subnormales que lo practicaron alguna vez conmigo. Con la excusa de ayudar insistes en no soltar a la presa, en no alejarte definitivamente de la persona que consideras tu posesión. Pero a ver si te enteras de una vez de que va la película. Que uno no puede nunca cambiar ni ayudar a nadie, tan sólo podemos permanecer cerca mientras la otra persona se ayuda a si mismo. Pero no, tú eres demasiado gilipollas para irte sin hacer ruido, tú tenias que "ayudar", que permanecer dentro de la vida de esa persona, cuando lo único que haces es enriquecer tu ego con píldoras de confusión. En ocasiones hay que saber cerrar la puerta, pero tú no. Un miserable como tú no. De sobra sabes que a veces ostentamos el poder que nos otorga el daño que hemos generado en la otra persona y si nos lo proponemos podemos convertirla en una zombie sentimental, en una Yonqui que busca el placer instantáneo de un una caricia, de una sonrisa, de una conversación. Todos hemos revoloteado alrededor de alguien buscando esa verdad que explique como es posible que eso nos haya pasado a nosotros. Pero tranquilo, pequeño pringadete, ya no importa sólo es mi opinión, y lo que yo piense tiene el valor de la tapa del yoghourt que me acabo de tomar. Y lo digo por que me sale de los huevos, no está fundamentado en nada. Pero en mi vida casi nada está fundamentado. Sólo fundamento la posibilidad de que me puedas romper las gafas si algún día me lees. Así que enhorabuena, tú sigue así, chavalote, con tu medalla colgada al cuello, aunque ella no desea estar colgada de ningún sitio. Por suerte para ti hoy no me apetece demasiado insultar ni hacerme mala sangre. Me voy en un par de días y ahora acabo de salir de la ducha y un montón de gotas en mi piel están esperando mi próxima jugada. Hoy no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario