8 de noviembre de 2012

BATALLAR EN CAUSAS PERDIDAS

No sé porqué tú rostro me ha aparecido ultimamente en la copa de ron nocturna. Tal vez se trate de que en estas vacaciones he pasado bastante tiempo recapitulando las viejas glorias que se quedaron en un mal trecho. Recuerdo aquella tarde, pintabas con tanta dulzura que parecía imposible hacer lo que hiciste. Luego vinieron tiempos difíciles para tí. Por mi parte después de conocerte ansiaba encerrarme a escuchar música y a escribir hasta que las palabras dolieran como tumores malignos, hasta que reventaras mis venas de recuerdos. Saliste de mi vida como una canción llevada por el viento, sin elegancia, por la puerta de atrás. Una noche te encontré sentada fuera del bar murmurando palabras de niña asustada. Te pedí una explicación por el daño causado y tú ahondaste con sal en la herida diciendo que sólo la entregarías a cambio de un abrazo. Me conmovió tú desesperación, pero no me quedé a oír el resto de las historia. Con el paso del tiempo escucharía muy a menudo relatos más incisivos, vidas de personas más rotas que un piano de cola en una vía del tren. Pero a pesar de todo la imagen de tus manos de porcelana pintando y tu cuerpo envuelto en una camisa vieja demasiado grande, me siguen pareciendo algo grandioso, monumental, acojonante. Tomaste tú decisión, supongo que fue más tarde cuando vinieron todos esos señores de grandes promesas que te dijeron mentiras como constelaciones. Y te las creíste todas. Mentiras que consiguieron arrebatarte la pureza que quedaba en tú cuerpo. Sabes? A veces todavía sueño que encuentro al adolescente que fui llorando sin una nota de despedida empapada en tú olor. Entonces aprieto los dientes y escribo con la desesperación que da el miedo a la soledad, con esa peligrosa mescolanza de odio y tristeza que me produce el no tenerte...

2 comentarios:

  1. Alguna vez te lees después de escribir tanta sandez, o solo lo haces para ver si te comentan algo?

    ResponderEliminar
  2. La verdad es que me dan igual lo que comenten subnormales como tú. Aplica esa actitud mía a toda tú vida cotidiana, a tus relaciones, a tu salud, a todo...

    ResponderEliminar