Aparenta ser una chica tradicional: no se pinta demasiado, no se droga, un toque ligeramente pijo, pero está como una puta cabra. Y no hablo en el sentido gracioso, de una locura sorprendente e irreverente, no, literalmente está mal de la cabeza. Me recuerda a la madre de Carrie. Aparece en el Atahualpa cuando nosotros bajamos y ella sube. Imposible escabullirse, imposible disimular. Su emboscada en el desfiladero de las escaleras ha sido perfecta. Se nos queda la misma cara que tenian los protagonistas de alguien voló sobre el nido del cuco cuando aparecia la enfermera Fletcher. La noche está definitivamente echada a perder, nada la puede salvar, bebemos, pero todos sabemos que algo no encaja, algo se ha roto. Con ese puto imán que tengo para atraer raras, ciclotímicas y taradas varias, la mayor parte del peso de la conversación recae sobre mi y tengo que aguantar joyitas como “pues mis amigas son muy setas”. “Joder, entonces follar con ellas tiene que ser lo más parecido a practicar necrofilia”, le suelto. Ni pilla la ironía. Llamarlas setas alguien capaz de pasarse 19 minutos sin tomar nada en un bar y con la mirada perdida en el vacio ya dice mucho. Además sé que miente porque un día estuve tonteando descaradamente con una de sus amigas y si no fuera por su complejo de perro del hortelano, estoy seguro de que las cosas habrian terminado de una forma más... adulta. Sus amigas.
Miro a mi alrededor buscando un rescate en forma de mirada sincera y que no busque nada y lo encuentro en forma de unos ojos verdes sonrientes ( puedo jurar que los ojos sonreían) así que me acerco a ellos como si fuera un naufrago y ellos mi tabla de salvación en medio del oceano y para asombro de propios y extraños la torre de control me da permiso para aterrizar. Hablamos, hablamos y hablamos, nos reímos del mundo y bebemos. Eso me anima (que entren los payasos!!).Es compartiendo un cigarrillo a la puerta cuando reaparece la loca con su vena de defensa central y nos hace un marcaje del que nos escabullimos con la escusa de ir a casa. Veo a Mario irse cautivo y desarmado y sé que hace tiempo que Juanjo ha tirado una bomba de humo ninja y se ha volatilizado. Llevado por los roces, los gestos y la voz en mi cabeza que grita: “”hay barra libre”! lanzo mi primer torpedo por el camino. La cobra que me hace es tan rápida, elástica y agil que se me queda cara de Buster Keaton. Joder con las extranjeras! Eso de hacer la cobra debe ser una optativa del instituto por que esa gracilidad de movimientos a las 7 de la mañana y con varias copas encima no se consigue así como así. En el portal de su casa lanzo el segundo torpedo jurándome a mi mismo que si hago agua con este la van a dar mucho por el culo, pero el torpedo alcanza su objetivo y por primera vez usamos la lengua para otra cosa que no sea hablar.
Regreso a casa sonriendo ante la perspectiva de una semana que gracias a ella se me va a hacer cortita. Es al llegar y sólo al llegar cuando me doy cuenta de que he perdido su telefono.
No sé, igual no era merecedor de una chica como ella, pero si algún día lees esto quiero que sepas que hoy he soñado con que sonaba el móvil, lo cogía, eras tú y sólo por eso este día se convertía en el mejor día del verano...
Excúseme si es una alegoría o algo así, pero si no: Standing in the doorway, plántate en el portal hasta que aparezca, o muy eficaz también, pregunta a las vecinas por la extranjera. O mejor no vayas, así puedes seguir teniendo argumentos para la nostalgia y quejidos
ResponderEliminarAlbricias! diantres! càspita! caracoles! repámpanos! recorcholis! canastos!!. Cómo es que no se me ocurrió antes???. Lo mismo es que estos tiempos que corren (y vuelan) me nublan es seso y el entendimiento o lo mismo es que ella tenía un horario laboral demencial debido a ser médico y regresaba a su país a los diez dias de nuestro encuentro. No sé...
ResponderEliminarEn lo que sigo quijoteando por aquí no se olvide ponerme a los pies de su señora.
Salud y conocimiento.