Estaba pensando en bajar a tomarme algo y comprobar si la camarera del O´hara´s ha notado que hoy la miraba con más insistencia que de costumbre. Pero prefiero quedarme fumando un cigarrillo tras otro y tecleando, y es que ha pasado bastante tiempo desde la última entrada. Podría contar ahora alguna historia sobre pasados, filmotecas, amaneceres y mochilas para hacerme el interesante, o decir que han sido unas vacaciones de mi mismo, unos días libres de enfrentarme (y afrontarme) las miserias. Pero mentiría. Lo que ha sucedido es más simple que todo eso: me he quedado sin internet, he estado como un Robinson Crusoe: cibernéticamente aislado. La verdad es que el tiempo pasa más lento sin internet. Y como en este lapso lo único que he hecho ha sido seguir viviendo en los bordes de lo convencional, daré ahora unas polaroids de lo que ha sido mi mediocre existencia en estas semanas, unas instantaneas en las que se ve que lo único reseñable tal vez sería que he ido de piquete en una huelga general sintiéndome fuerte e invencible como cuando éramos adolescentes y veíamos una peli de acción mientras vagaba sin remordimiento por los polígonos industriales y las calles de Salamanca en una noche confusa en la que acordarse de términos que tenía casi olvidados como solidaridad y conciencia y olvidarse de como son los chicos buenos. También estuve en una manifestación en la que un montón de gente trató de impedir que el silencio fuese la tumba de su rabia. Aunque quizá no fuera una cuestión de rabia, sino de rebeldía. No sé. Unas semanas más tarde tengo en ocasiones la sensación de que entre todos estamos construyendo nuestra propia cárcel.
También he conocido a 2 personas que siguen el blog que parecen majos (alguien que mezcla INXS con Placebo no puede ser mala persona) y además ambos tienen unos blogs muy apañaditos e interesantes así que me siento como un chucho callejero husmeado en cualquier parque por 2 perritos de lacitos, libreta de vacunas y pedigree.
Por otro lado el habitual desfile de findes idénticos sólo se ha visto alterado por la aparición de una chica capaz de hacerme sentir como una gominola en una hoguera. Sólo quería compartir la soledad y un cigarrillo a la puerta del Tum Tum, pero su camiseta ajustada provocó inmediatamente que yo ajustase todos mis pensamientos a ella, además sonaban de fondo Suede, y para alguien como yo, que va permanentemente conectado a un MP3 por aquello de hacerse la ilusión de que la vida tiene banda sonora, pues...eso. Dicen que tenemos millones de músculos en la cara, rodeando los labios, alrededor de los ojos. Imagino que es cierto, pero el caso es que no logré mover ninguno mientras ella me hablaba. Puedo jurar que tardé en percatarme de que el chasquido de palomitas de maíz que escuchaba de fondo mientras ella hablaba eran mis neuronas estallando. El hecho es que sus palabras bien seleccionadas me hicieron preguntarme de vuelta a casa algunas cosas. Entre ellas cuantas veces debo cagarla antes de asumir de un modo objetivo que he metido la pata, que me he vuelto a convertir en un error.
Y nada más, que por ahora seguiré aquí durante un tiempecito más dejando retazos de mi vida atrapados en este blog estúpido para que sean liberados cada vez que alguien los lea...
Siempre me ha gustado tu manera de escribir y de contar mentiras...
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